Friday, February 4, 2011

Después de 17 años Único Sobreviviente de accidente aéreo pide justicia


Por Eber Huezo

Alfredo Luna, un biólogo ecuatoriano, quien estuvo trabajando como parte del equipo de investigación de Conservación Internacional hace 17 años, pide justicia a la referida organización ambiental, luego que la avioneta en que volaba junto a un equipo estadounidense se estrelló en la cordillera de la costa del Ecuador el pasado 3 de agosto de 1993, siendo el único sobreviviente de aquel fatal accidente.
En el percance aéreo murieron cuatro personas entre ellos Ted Parker y Alwyn Gentry, dos de los biólogos más reconocidos en el mundo. Luna considerado superviviente fue trasladado del Ecuador al hospital Medical Center de UCLA en Los Angeles, California.
Según narra Luna, la organización Pro medio ambiental abrió una póliza de seguros que tenía como objetivo proteger al equipo científico de los riesgos de la expedición, sin embargo, a la postre demostró ser insuficientes para cubrir a todas las personas involucradas en el equipo de investigación. Después del accidente se supo que la póliza sólo cubría los miembros del equipo de los Estados Unidos y no a los miembros del equipo ecuatoriano.
Luna sufrió significativa pérdida de la visión y audición, daño cerebral, causándole epilepsia, y la degeneración progresiva de la cadera causada por una necrosis vascular, que no le permitió la deambulación. “Desde el accidente, he estado dependiendo de medicinas costosas que debo tomar por el resto de mi vida”, comenta ahora el biólogo ecuatoriano.
Ahora se siente burlado y engañado por quienes lo contrataron antes de aquel fatídico día antes del accidente, pues después que se le dijo que estaba cubierto por un seguro de vida, resultó que solo recibió tratamiento de emergencia.
En febrero y agosto de 2001, la Defensoría del Pueblo del Ecuador, sentenció por dos ocasiones que CI debía cumplir sus obligaciones con el señor Luna, es decir, indemnizarlo por el accidente laboral, pero la organización ambiental según el biólogo hizo caso omiso a estas resoluciones.
Luna detalla que Coalición Internacional, firmó un convenio de cooperación para el proyecto RAP en donde se comprometía a pagar todos los honorarios en el proyecto, viáticos y seguros de accidente.
El biólogo suramericano insiste en que el CI les aseguró que los ecuatorianos, de otros países y los estadounidenses, estaban asegurados en la misma póliza por tanto tenían las mismas prestaciones que los profesionales estadounidenses, en tal sentido, no debían preocuparse lo cual resultó ser falso.
Previo al accidente Luna no estaba casado, vivía con sus padres -personas mayores de edad- quienes le han dado todo el apoyo todos estos años después del accidente; sin embargo, su padre falleció en el 2010 y ahora solo vive con su madre.

Después del accidente su vida cambió los 360 grados

Después del percance aéreo la forma de vida del biólogo ecuatoriano cambió los 360 grados ya que su visión le impidió leer y escribir por una enfermedad llamada “dislexia”, -trastorno de la lectura que imposibilita su comprensión correcta-, además quedó sordo del oído derecho, con fuertes dolores de cabeza, sentado en una silla de ruedas por algún tiempo, rehabilitación permanente, con exámenes médicos
Además, narra Luna, tenía epilepsia, con medicación y sin poder dormir; pero lo más grave, agrega, es que tenía que molestar a todos sus hermanos y familiares hasta para poder bañarse, y hacer sus necesidades, y como resultado de las malas condiciones de salud después del accidente, se consideró legalmente- con discapacidad permanente y, por lo tanto, no ha podido trabajar ya más en su profesión.
Debió aprender a caminar con muletas de apoyo, que nunca ha dejado, asimismo tuvo que ser intervenido por segunda vez en Quito para que le retiraran unos tornillos de las placas que fueron colocadas en su cara en los pómulos y maxilar superior, porque fueron rechazadas y tenía unos dolores fuertes en la cara, cabeza y sus dientes que fueron fracturados.
“Esos dolores y sonidos fueron insoportables”, declara, al ser sordo de su oído derecho por una hipoacusia mixta, que el nervio del oído estaba roto y pegado a los huesos, eso produce un sonido de turbina de avión que es de por vida, todo eso con los dolores de su cadera por consecuencia del accidente causó fractura de cotilo con irregularidades en pared y necrosis vascular de la cabeza, de fémur izquierdo progresivamente degenerativo y rehabilitación permanente hasta el presente” narra Luna.
Dos años después fue operado otra vez del oído y más tarde de su cadera para retirar unas calcificaciones; tres años más tarde recibe otra operación en la cadera y luego a finales del 2005 otra operación de la cadera. Hace dos años atrás, recibió otra operación en su oído.
Actualmente continua con rehabilitación, medicinas y una vida muy metódica, pero lo más grave, asegura, es que después del accidente se acabaron todas sus aspiraciones profesionales al no poder salir al campo y estudiar la naturaleza, que es lo que más amaba en su vida y añora cada día de su vida, comenta.
“Pensar que uno un día lo tiene todo y al otro, no es nada, fue, es y será siempre muy duro para mi” murmura entre lágrimas, al comentar que después del accidente le llevó más de 4 años aceptar y saber que era un discapacitado, lo que no podía aceptar, porque siempre le agradó su trabajo, y pensar que ya no podía trabajar en la conservación de la naturaleza, su biodiversidad para beneficio de los seres humanos, le puso muy triste y deprimido.
“Lo más duro fue tener que asistir a un orientador y psicólogo para tratar de entender que pasó en mi vida, tratar de no soñar en las noches y recordar el accidente y de cómo me ha tratado inhumanamente Conservación internacional (CI)”, dice Luna.
Luna asegura que el daño de su cadera es progresivamente, degenerativo y cada día que pasa se daña más por el uso y la edad. Además, su columna vertebral está afectada, por lo que está consciente que con el correr del tiempo deberá usar una silla de ruedas para poder movilizarse.
Luna no pierde la esperanza que algún día se le hará justicia, este pensamiento positivo le ha dado las fuerzas para tener una constancia por más de 17 años, ya que está consciente que un día se quedará solo, su padre falleció en el 2010 y su madre, quien incondicionalmente lo ha apoyado tiene 82 años de edad y se encuentra enferma. Sus hermanos ya no van a poder ayudarle como hasta ahora. Tocará salir a pedir limosna en las calles y esto es injusto de parte del CI, añade.
El biólogo ecuatoriano ha interpuesto una denuncia a nivel internacional y ha pedido la intervención de la Coalición Latinoamericana Internacional (CLI), cuya sede está en California, Estados Unidos, para que denuncie el caso y obligue a la organización pro medio ambiente a que cumpla sus responsabilidades con Luna.
Por su parte Oswaldo Cabrera, presidente del CLI, dice que su organización deja sentada la voz de protesta ante el atropello y la dignidad de Alfredo Luna, un ecuatoriano que trabajó para Conservación Internacional.
Asimismo, pidió a la organización Pro ambiente, compense el daño psicológico, moral, económico y físico al biólogo Alfredo Luna, ahora convertido en un luchador incansable por el respeto a los derechos humanos de las personas minusválidas en Ecuador.

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